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Los Gilipollas (prueba)

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¿Se han fijado en que hay gentes que tienen cara de gilipollas? Normalmente, quien tiene cara de gilipollas, es irremediablemente gilipollas. ¿Cavilan que me repito con el calificativo? Pues no lo crean, es que los gilipollas innovan gilipolleces reiteradamente. Yo tengo un vecino, por supuesto, gilipollas, que sale a correr por el parque; aunque vive en un primero, baja los doce escalones que le separan de la puerta de la calle en el ascensor. Mi cuñado Rosendo no es gilipollas —mi señora lee de vez en cuando mis relatos—, pero, para acompañar el café del desayuno, pide cuatro porras y la sacarina. Los jefes..., los jefes son casi todos gilipollas, no es que sean así, innatos, es que se han promocionado. Los políticos son todos gilipollas, menos los de nuestro partido. En el pueblo de la mujer son absolutamente... buena gente. El que fuma mientras come en el restaurante, expeliendo cáncer y fusionando babas con alimentos, ¿qué piensan que es? El de la gorra de ciclista del revés, que no para su vehículo en el paso de cebra, se pasa de gilipollas. El que padece calamidades a partir del día 20 y, sin embargo, conduce un automóvil de alta cilindrada, que duerme a la intemperie, es altamente gilipollas cilíndrico. El que luce enteramente tatuado su cuerpo y parece un anuncio de Pelikán ¿logra ser maculadamente gilipollas? El que somete a gran parte de su rostro a la metralla “piercing” ¿conseguirá ser penetradamente gilipollas? El que circula soportando el frío del invierno, con los cristales bajados de su coche, con tal de hacernos partícipes de sus majaderías preferidas compartidas a todo volumen, es entumecidamente gilipollas. Los del equipo contrario de fútbol, que siempre salen por la televisión hablando por el móvil, no pueden ser más rematadamente gilipollas. Concluyendo, ya no hay gilipollas como los de antes; ahora, han evolucionado y son insuperablemente gilipollas.