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Rumba catalana en el metro

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Como cada tarde introduzco mi billete de abono de la tercera edad en la máquina de la entrada al metro. Bajo las escaleras y me meto en el andén.  Miro con curiosidad a las personas que, como yo, esperan a los vagones y miro también cuánto tarda en venir.

Solidaridad con Haití, es lo primero que leo y el vagón tardará cuatro minutos.  Me da tiempo a echar un ojo a los que esperan como yo imaginando un poco de sus vidas. 

Allí está una sudamericana con su niño de unos cuatro añitos o más, "como son tan bajitos", seguro que coge asiento para ella y para su niño, cosa que está prohibida a los que no llevan billete.

Una pareja se come a besos. ¿Es que no tienen pudor de mostrar su intimidad? Eso se llama libertad en la sociedad moderna.

Unos muchados altos y delgados, parecen del norte de África por su piel morena, portan unas mochilas a la espalda.  Eso me da mala espina. Avanzo unos metros para coger otro vagón que no sea el que cogerán ellos.  Todavía recuerdo la masacre del 11 de Marzo.

 

A un muchachito se le cierran los ojos.  El pobre habrá madrugado y le entra soñera en la hora de la siesta.  Siento impulsos de tocarle y decirle:¡Despierta!, pero me contengo.  Sólo ha cerrado los ojos pero está despierto, me digo, eludiendo así mi deseo de ayudarle a mantenerse despierto.

Una señora de setenta y muchos años corre a coger asiento en el andén.  Se levanta un muchachito rubio y atlético y le cede su asiento.  Pasan rápido los cuatro minutos y aparece el metro con sus vagones que se abren elevando un postigo. Nada más entrar se levanta una joven y me deja su asiento.

¡Caramba! ya me voy pareciendo a una persona mayor, aunque yo no me vea como tal. Tal vez el pelo blanco me hace que me vean así.

Le doy las gracias y pienso si a la señora mayor le habrán ofrecido el asiento o si la sudamericana logró sentarse y sentar al niño.

Aparece un músico gitano tocando la guitarra y una gitanilla pidiendo, pues no tienen paro y tienen que buscarse la vida de esa manera. 

De pronto se oye una explosión que deja el metro parado, los de las mochilas, pienso.

Un ciego quiere salir y el perro se pone delante para mostrarle que no ha llegado a la estación.

Señores bajen como puedan, ha habido una avería.  Tendrán que ir a pie hasta la próxima estación. Queda suspendido el servicio de esta línea.

Empieza una peregrinación de viajeros al ritmo de una rumba catalana.