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Hablando del tiempo

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Aunque todavía no hace muy buen tiempo, se nota en el aire que va llegando la primavera; los mirlos, que hasta ahora estaban mudos, dejan escuchar sus parloteos indicando que se acerca la hora de los cortejos. Todos los pajarillos se afanan entre las ramas –desnudas aún la mayoría-, buscando el mejor sitio para instalar sus nidos.

Una pareja de unos cincuenta años pasea bajo los árboles del parque, disfrutando del sol que tímidamente calienta la tarde madrileña.

-¡Qué largo se está haciendo el invierno! –Dice ella.

-Ha dicho el hombre del tiempo, que para la próxima semana, subirán más las temperaturas, aunque de las noticias no puedes fiarte mucho. ¿Has visto el telediario?

-Sí, y al igual que todos los días, se te encoge el corazón, sólo hay tragedias, asesinatos, robos. Parece que estamos locos. Antes no pasaban tantas desgracias.

 

-Yo creo que pasaba más o menos lo mismo, la diferencia está en que no se sabía, porque no había tantos medios de comunicación como ahora. Ten en cuenta que cualquier noticia se extiende rápidamente por todo el mundo, sin que importe el sitio donde se ha gestado. Mientras que antes sólo lo sabían los de alrededor.

-Llevas razón. Nos enteramos de todo, pero a veces más valdría morir tonto porque cuanto más sabemos, más difícil resulta creer en el buen hacer de los demás y si no, mira los políticos; hablan a todas horas de la crisis, pero no hacen nada por solucionarla.

-Ya, y cuando tienen una idea, hay que echarse a temblar, pues siempre salimos perdiendo los mismos. Si todo va bien, los que se están forrando, no dicen ni pío, pero cuando llegan las vacas flacas, quieren las mismas ganancias o más y si no, se declaran en quiebra y los trabajadores al paro, y ellos –como está pasando, por ejemplo con las grandes constructoras-, trasladan su negocio a Chile a Polonia, o a cualquier parte que les convenga, y aquí nos dejan con el problema, hasta que las cosas se solucionen –léase hasta que gane las elecciones el partido que a ellos les interesa-.  Y de la noche a la mañana nos querrán hacer creer que estamos muchísimo mejor, aunque nosotros no notemos la diferencia y sigamos viendo todo igual de caro y los sueldos cada vez más pequeños.

-Es verdad, llevamos mucho tiempo perdiendo poder adquisitivo, da igual quien gobierne. En vez de querer arreglar el país congelando los sueldos a los funcionarios de a pie –que no a los de arriba- y dando a los empresarios más manga ancha de la que ya tienen, para disponer a su antojo de la vida de sus empleados –que entre los horarios que están imponiendo y los sueldos cada vez más miserables, más que empleados son esclavos-. Pues como digo, en vez de intentar arreglarlo todo a costa del trabajador;  se podría quitar, por ejemplo: tanta pensión vitalicia.

-Ahí nos ahorraríamos un buen pellizco, mira.

-Yo –que no entiendo de política ni de economía-, me doy cuenta de lo que está pasando: que todo es una mentira; que los políticos, los grandes empresarios y los banqueros –o sea el capital- son los que manejan los países a su antojo. Pero nadie entre tanta mente preclara es capaz de ver  la cantidad de gastos inútiles que habría que suprimir, ni de hablar de las medidas, coherentes, que se podrían tomar. No lo entiendo.

-No es que no lo vean, o no sepan lo que sería justo hacer; es simplemente, que no les interesa el bienestar de la mayoría. Sólo el suyo.

-El viernes pasado, mi madre no se encontraba muy bien y como es muy mayor decidimos llevarla a urgencias del Doce de Octubre. No te lo puedes ni imaginar: la sala de espera a tope, los pasillos llenos de camillas con los enfermos, hasta en segunda fila, porque en las mini habitaciones que tienen ya no cabía nadie más. Parecía la guerra. Esperando horas y horas sin que te hagan ni caso, y no estoy diciendo que los médicos no tengan suficiente trabajo, no; es falta de organización, de medios y puede que de personal también, pero seguro que se arreglaba en cuanto se obligara a todo el mundo que necesite ir al médico o al hospital, a pasar por los mismos trámites que pasamos todos –sin distinción de clases ni privilegio alguno. Ya verías cómo cambiaba todo.

El hombre, viendo como se acaloraba su compañera, intentó animarla haciendo una broma.

-Lo mejor sería que te nombraran a ti presidenta del gobierno, para que les pusieras firmes a todos.

-Sí, sobre todo con el humor que se me pone. Lo mejor será que volvamos a hablar del tiempo.   

 

Rosa Mª Horche / 16 Febrero 2010