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La ilusión de la comunicación

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-Rafael quiere un caballo para su cumpleaños, le hace muchísima ilusión, no para de repetírmelo, he pensado decírselo a Mercedes, sabes que ella…

-¿Sabes dónde está la cartera nueva?, la que me regalaste el año pasado, creía que la había guardado en el cajón de la mesa de mi despacho pero no está allí.

-No sé, busca en el archivador del despacho, en el cajón de abajo. ¿Me has escuchado Carlos, te estaba diciendo que a Rafael…

-Ya te he oído, aquí tampoco está, siempre con tu manía de guardar las cosas y luego no sabes donde las has puesto, ¿estás segura de que la guardaste aquí?

-No estoy segura, porque yo no la he guardado, hace ya un año que te la regalé, y ni caso que hiciste, guarda tú tus cosas y así serás tú quien las encuentres. Te estaba hablando del caballo de Rafael, tampoco en esto me haces caso, no sé si me estás escuchando o no, siento como que no te importara nadie, ni yo, ni el niño, ni…

 

-Basta ya Magdalena, siempre con tus peroratas y con tus cantinelas, te escucho, te estoy escuchando, no hago otra cosa que escuchar, escuchar, y siempre oír lo mismo, no le voy a comprar ningún caballo, ¿me oyes?

-Pero por qué, le hace muchísima ilusión, lleva días sin hablar de otra cosa, es que…

-Ilusión, ilusión, va a cumplir 16 años y todavía estamos con la ilusión, ya es un hombre que se deje de caballitos y de historias, que estudie, coño, que se pasa el día haciendo el gilipollas con los amigotes y con …

-Pero Carlos, yo creía que no había ningún problema, qué problema hay, podemos comprárselo, tenemos sitio para tenerlo, gente que lo cuide, que lo limpie, que le dé de comer que…

-Ves, es lo que te digo, todo en bandeja al niño, si tiene un caballo que se ocupe él de todo. Pero no señor, el señorito sólo lo quiere para disfrutarlo, para darse un paseíto y chulear delante de los amigos y las niñitas, y el trabajo duro para lo demás, así es con todo, y tú tienes la culpa, sólo le muestras lo bonito, y todo tiene su parte de sacrificio, su parte de fealdad, de trabajo. Cómo va a valorar lo que tiene, si sólo con levantar la mano se le concede, si sólo le muestras la parte estupenda de las cosas. Dile que tiene que hacerle la cama todos lo días, limpiar su mierda, cepillarle, darle de comer, cuidarle, enseñarle, amaestrarle. Un caballo no es un juguete, es un ser vivo con un montón de necesidades, que seguro tú, y mucho menos él, habéis tenido en cuenta. Ilusión, ilusión, estoy hasta los cojones de tu ilusión y de la de él. Alguien ha pensado en esta santa casa que es lo me ilusiona a mí. ¿Eh? ¡Di, contesta! ¡Ya estás llorando! ¡Joder, que me contestes!

-Déjalo Carlos, por favor, yo sólo te he dicho lo que quiere el niño, no pensé que te pusieras así, no podemos hablar tranquilamente del asunto, no, te tienes que poner como una fiera y sacar trapos sucios y malas historias, siempre las mismas historias. Yo también estoy harta, sabes, de no poder hablar tranquilamente contigo, de tener casi que pedir audiencia para hacerlo, siempre tan ocupado, con tus negocios, siempre hablando por el móvil, no sabes nada de lo que ocurre en esta casa, no sabes ni cuando es el cumpleaños de tu hijo, ni te interesas por lo que le preocupa, o lo que desea, no tienes ni idea de quienes somos ni de lo que nos pasa. ¡Estoy harta, no aguanto más!

-Llora, anda llora, no sabes hacer otra cosa cuando no te sales con la tuya, la niñita mimada saca su última carta, la de las lagrimitas, ¡pues no, ya no me conmueves!, ya no me lo trago, quieres comprarle un caballo, pues cómpraselo, no te prives, no le prives al niño de nada, hazle un pusilánime. Como está su papá para pagarlo y arreglarlo todo, no pasa nada. Que se confunda, que se desilusione, no pasa nada, Hazle un arrogante, un débil, una persona banal y sin valores, y sin arrestos, siempre estará papá para aguantar sus rabietas de niño de mamá. Cómpraselo, haz lo que quieras, hacer lo que queráis, pero conmigo no contéis. Ni siquiera voy a estar ese día aquí, me voy de viaje, y el cumpleaños de mi hijo es el próximo miércoles, el 17 de Marzo. Yo ya le había comprado un portátil nuevo, sabes, uno muy completo que ha salido hace poco con un montón de prestaciones para diseñar, que sé que le gusta esa historia. Pero claro no sé lo que le gusta ni lo que le preocupa. Tú y tus conclusiones fatalistas.

- Y cómo lo iba a saber, no me dices nada, por qué no me lo habías comentado antes de comprárselo, tú vas por tu lado y yo por el mío, no nos comunicamos, no nos vemos apenas, ni para comer, a cenar ya cada vez vienes menos, y si vienes vemos la tele, y no hay quien diga una palabra porque te cabreas si no escuchas lo que están diciendo. Cómo voy a saberlo, así no hay quien viva, tú por tu lado y yo por el mío, a mí mi madre no me explicó que era esto en lo que se convertía un matrimonio, dos soledades compartidas, viviendo en el mismo espacio, la misma habitación, la misma cama, pero paralelas en el tiempo, sin llegar a juntarse jamás. Quizás… deberíamos separarnos.

A lo lejos se oye el ruido de la puerta de entrada al cerrarse. Está sola en la habitación, mira por la ventana y ve a Carlos meterse en el coche y alejarse. La última frase ni siquiera la ha escuchado. ¿Tendrá valor suficiente para volver a repetirla?