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Volando las Sheychelles

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Este verano de 1996 nos hemos ido de vacaciones a Praga y a Budapest, a mi madre le habían dado un premio por estar 25 años trabajando, y con ese dinero decidieron mis padres que nos íbamos a hacer un viajecito por Europa toda la familia.

Yo soy Eduardo y tengo 9 años. Mi hermana Irene tiene 15 , mi madre se llama Carmen y mi padre Alberto.

A mi me apetecía ir, porque mi hermana estaba muy ilusionada con el viaje y yo pensaba que nos lo íbamos a pasar bien.

Salimos en avión con destino a Praga. Yo alucinaba porque era la primera vez que subía en avión. Me pareció muy grande para volar por el aire, y cuando miraba por la ventanilla y veía todo tan pequeño.  Las casas, los coches, las carreteras, era como cuando yo cogía mis coches corriendo por las carreteras de mi alfombra, saltando las vías del tren y pasando por debajo de los puentes; otros momentos me imaginaba como un águila real volando por encima de todas esas cosas tan diminutas, haciendo los ruidos con la boca y moviendo mis brazos para girar, como hacían las alas del avión. Mi padre me llamó la atención ya que se me oía.

 

La azafata me invitó a visitar al piloto, yo di un salto de alegría y enseguida dije que sí. Cuando pasé a la cabina donde estaba el piloto y el ayudante, yo me quedé sin respiración, no podía decir nada, fue impresionante ver tantas luces encendidas y tantos botones de distintos colores, un montón de círculos que parecían relojes  y una palanca rectangular en el centro y lo que más me sorprendió es que enseguida se levantó el piloto para hablar conmigo y enseñarme todo, el ayudante estaba leyendo un periódico, y me dijo que el avión se conducía solo, yo no me podía creer que estuviera allí viendo todo eso y al mirar por las grandes ventanillas me dijo que estábamos encima de las nubes, me parecían de algodón.

Cuando volví a mi asiento, estaba tan contento que muy rápido y atropelladamente le contaba a mi padre lo que había visto allí dentro, y él después de escucharme todo lo que yo relataba, me explicó que el piloto había puesto el piloto automático; era como si estuviera programado el vuelo, y por eso parecía que iba solo el avión, mas tarde lo quitará y pilotará él para aterrizar.

Poco más tarde sentí un golpe al tocar el suelo el tren de aterrizaje, decía mi padre que era muy buena toma de tierra, pero a mi se me encogió un poco la tripa, aunque me gustó. 

Llegamos al Hotel Mércuri, era ya muy tarde, cenamos y enseguida nos fuimos a la cama.Yo no sé cuanto tarde, pero creo que fue rápido porque no recuerdo nada antes de dormirme. 

…“Me encontraba pilotando una avioneta, estaba subiendo hacia las nubes y conseguía atravesarlas y luego iba por encima de ellas, podía tocar el cielo; volvía a bajar, no veía nada al cruzarlas eran algodonosas, pero cuando las pasaba era estupendo sobrevolar las montañas, los árboles, el mar, las islas y entre todas ellas destacaba una, con grandes palmeras, con algunas casas de cañas largas,  me gustó tanto que decidí aterrizar en una explanada que había, así que empujé la palanca y bajé el morro de la avioneta hasta que me coloqué bien y suavemente tocaron las ruedas en el suelo deslizándose por la tierra hasta pararse, apagué el motor y decidí explorar los alrededores. 

Nada más bajar me dejó petrificado una chica que me dio la bienvenida, anunciándome que estaba en las Islas Seychelles, en el Océano Indico, y que ella se llamaba Margarita; con una melena rubia larga, ojos azules, flores en el pelo, una falda de flores que se la ataba a un lado y una camiseta con una palmera;  me pareció la más preciosa que había visto en mi vida. 

Comenzamos a hablar, como si nos conociéramos anteriormente, paseamos y nos sentamos debajo de una grandiosa palmera, ella no paraba de contarme lo que hacía allí, pero yo no la oía nada de lo que me explicaba, solo veía moverse sus labios…, hasta que me acerqué tanto que le di un beso en ellos, ella se calló e inmediatamente me abrazó y me besó también, me di cuenta que se me estremecía todo el cuerpo, que nunca más me iba a separar de ella, contemplamos todo lo que nos rodeaba, iba señalando y nombrando cada una de las flores, tenían unos colores y formas que yo veía por primera vez, también había numerosas aves, como pavos reales, con sus maravillosas colas extendidas y llenas de colorido, pájaros tropicales (con su larga y estrecha cola), loros negros, y animales muy sofisticados, como tortugas gigantes, todo era muy chulo.  

Le ofrecí darle una vuelta en la avioneta, ella no quería porque tenía miedo que la regañara su madre, pero nos fuimos hacia donde estaba parada y por el camino traté de convencerla para que volara conmigo, al final aceptó, subimos y rápidamente arranqué el motor y nos elevamos hacia el cielo, me pareció todo diferente de lo que había visto anteriormente, fue impresionante con ella a mi lado, la palmera donde habíamos estado era mucho mas bonita y destacaba por encima de las demás que la acompañaban, también el camino por donde hacía unos minutos habíamos paseado, era mas blanco y brillaba, se veía más que el resto, el agua del mar tan pronto era verde, como azul, todo era muy guay; nos sentíamos como dos coloridos pájaros volando, guiados y arropados por una bandada  cantando y revoloteando a nuestro alrededor. 

Decidimos aterrizar, reduje la velocidad, fui bajando, pero bajaba muy deprisa y tiraba de la a palanca hacia detrás para recuperar la posición horizontal y volver a elevarme, pero no podía subir todo lo deprisa que necesitaba, yo me angustiaba, le dije a Margarita que se agarrara bien, porque no podía aterrizar y tenía que subir nuevamente, pero por más que apretaba la palanca no se elevaba y cada vez se acercaba más la avioneta al suelo, no podía, no podía subir, yo estaba encogido por susto que me envolvía, el morro se iba en picado sobre las palmeras, que horror…, ya las tenía aglutinadas a mis ojos...” 

-Entonces…oí… Eduardo, Eduardo… me llamaban a la vez que me zarandeaban…, porqué gritaban mi nombre tan fuerte encima de mí?…, abrí los ojos aterrorizado…,  es que estaba muerto…? 

-No…, parecía que no…, era mi madre. 

Mi madre que ya estaba harta porque no me despertaba y me había llamado anteriormente varias veces; vamos a llegar tarde, decía…, levántate de una vez…,  dentro de 15 minutos nos recoge el autocar para ir a visitar la ciudad. 

Cuando me situé realmente en el lugar donde estaba, me levanté de un salto… y le dí un fuerte abrazo a mi madre.

 

Naty