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El cambio climático

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Se está hablando mucho en estos días sobre la influencia del ser humano en el cambio climático. Todos sabemos que –cada vez con mayor frecuencia-, a grandes épocas de sequía, le siguen otras de lluvias torrenciales y vientos huracanados. Los ríos se desbordan y en las zonas costeras el mar hace de las suyas, destruyendo todo lo que encuentra a su paso e impidiendo que las flotas pesqueras, puedan salir a faenar.

Las noticias y documentales, no dejan de bombardearnos con imágenes de grandes bloques de hielo que se desprenden en la Antártida y caen al mar –que ya no está totalmente helado-, o de determinadas especies tanto de la flora como de la fauna, en peligro de extinción.

 

La temperatura de la tierra va aumentando, como consecuencia del efecto invernadero y también sube el nivel del mar, con el consiguiente peligro para las poblaciones cercanas. Los incendios forestales y la tala incontrolada de árboles, desertizan la tierra dejando sin cobijo a los seres que dependen de su vegetación para sobrevivir, eliminando a la vez parte de nuestra “despensa de oxígeno”.

Todo esto está pasando –qué duda cabe-, y mucho más, pero ¿Es el hombre y el cambio –que aún sin  querer- va introduciendo día a día en la naturaleza,  el responsable de la enfermedad de nuestro planeta?

Geólogos y arqueólogos han encontrado pruebas de grandes catástrofes en la antigüedad; aunque no se sea creyente, la gran inundación de la que habla el Antiguo Testamento, es un ejemplo de ello.

¿Y los dinosaurios?, ¿qué pudo hacer que unos animales tan magníficos se extinguieran, después de ser los dueños y señores de la tierra durante millones de años? El hombre no, desde luego.

La tierra cambia continuamente. Viendo la maravilla y la grandeza de nuestro sistema solar y del universo, no puedo creer que los humanos, tengamos el poder absoluto sobre  su destino. Creo que son ciclos que se repiten a lo largo de miles de años y que debido a nuestra corta estancia en el planeta, no podemos apreciar aunque ahora, con los medios de que disponemos, podremos dejar constancia de todo lo que sucede para que las generaciones futuras, puedan comparar. Claro está: siempre y cuando no haya algún loco por ahí que le dé por apretar el botón que no debe, y nos mande a todos al garete.

 

Rosa Mª Horche / 23 Febrero 2010