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Inicio Textos de los alumnos Pilar y Zacarias

Pilar y Zacarias

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    Los vecinos Zacarías y Pilar, vivía en el cuarto piso letra A, de la finca donde habito. Sufrieron la enfermedad del Alzheimer en la persona de la menuda Pilar, con tanta dignidad,  que fue edificante para todos nosotros, sus vecinos. El prefirió desprenderse de todas sus propiedades a favor de sus sobrinos, (pues no tenían hijos) para estar al cuidado de su mujer en una Residencia Pública.

   Recuerdo  que Zaca, como cariñosamente le llamábamos se recorrió todos los rincones de Madrid para encontrar lo mejor y más cercano a su vivienda, removiendo Roma con Santiago. Yendo a  todas las administraciones habidas y por haber en busca de una solución a sus problemas.  Pilar lentamente se había ido debilitando de mente hasta convertirse en una niña pequeña. No controlaba sus funciones vitales, decía frases sin sentido y tarareaba canciones de la infancia. Los niños de la casa, la observaban con respeto, pero luego hacían sus preguntas, cuando entrábamos por la puerta y trataba de explicarles que sufría una enfermedad cruel que deterioraba sus neuronas y su cerebro.

 

   Cada mañana, bajaba las escaleras como un cincel, limpia y relimpia de los pies a la cabeza y de la mano de su paciente esposo que nunca hizo alarde de nada,  ni se quejaba de la situación  que le mantenía esclavizado. Durante dos años esperó contestación de las Residencias de Madrid, pero todas eran tan caras que con su pensión no llegaba a cubrir los gastos y empezó a indagar a las afueras en la misma localidad y le abrieron las puertas en una de Villa del Prado, cerca de Navalcarnero.

   Estaba tan contento que no cabía en sí de gozo; puso como condición que le acogieran a él para seguir cuidando de ella, para que no se sintiera extraña. Seguir durmiendo en la habitación con su esposa para que ella no se desorientara ni se desubicara de su confortable compañía. Seguir unidos en la enfermedad, ya llevaban así más de doce años y él era cuánto tenía.

   El estaba en todo su vigor, aunque jubilado, en ocasiones cuando a nosotros nos tocaba llevar la presidencia de la Comunidad del edificio, como trabajábamos  tanto mi pareja como yo, le dejábamos al tanto de la misma y le pagábamos un dinero que le venía muy bien al mismo tiempo se distraía de tan pesada carga.

   Llegó el día, se despidieron de todo el vecindario y pasaron algunos años… algunas llamadas…que se iban alejando, poniendo distancia. Y llegó el olvido.

   Un fin de año, cuando ya estaban instalados en  el nuevo hogar, les fuimos a visitar, estaba Zaca pletórico, pues ya respiraba y tenía algo de tiempo para sí, jugaba al ajedrez con otros compañeros y participaba activamente en todas las actividades del centro, seguía atendiendo a su Pilar con esa ternura que era innata en él, con dulzura y paciencia. Amaba a su mujer y no lo había manifestado a todos con hechos día tras día.

   Ayer bajamos a una reunión de vecinos para hablar sobre el cambio de la instalación del gas natural y al finalizar la misma me enteré que el propietario del 4º. A,  había fallecido hacía ya un año. Me cayó la noticia como un jarro de agua fría.  Pregunté por  su compañera: ella seguía viviendo en condiciones ya muy lamentables al cuidado de algunos parientes que le iban a ver de cuándo en cuándo.

   La vida te guarda unas sorpresas aplastantes, él gozaba de buena salud y ella era una hoja seca a punto de caerse cuando ingresaron hacen ya años en el Centro.

   Nuestro lindante se fué, lamentando que dejaba sola a su Pilar, con esa tristeza de no poder hacer ya nada por evitar tal tragedia. Sus postreros años, en todos sus pensamientos, estaba presente que ella muriera con dignidad y en sus brazos y el destino ha querido otra cosa. Buen vecino, persona digna y fiel compañero. Si es cierta la existencia de lo justo, mereces todo lo mejor en tu descanso eterno.

                                                                                                         Loli