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Inicio Textos de los alumnos Para el Arzobispado de Valencia y a los aficionados taurinos

Para el Arzobispado de Valencia y a los aficionados taurinos

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    Como quiera que sólo el Papa, cuando habla "Ex Cátedra", es infalible en dogmas de Fe, debemos disculpar al Arzobispado de Valencia, que en su consultorio web –siempre según el diario 20 Minutos de hoy, 8 de los corrientes– manifiesta e incluso certifica que el toreo no es pecado. Sería conveniente recordar al respecto que la Iglesia se ha mostrado contraria a estos espectáculos de muerte y vanidad humana como se ve en la Bula promulgada el 1 de noviembre de 1567 por San Pío V. La Bula «De Salutis Gregis Dominici» nos dice: «Considerando que estos espectáculos taurinos no tienen nada que ver con la piedad y caridad cristiana y queriendo abolir estos espectáculos cruentos y vergonzosos, no de hombres sino del demonio, prohibimos terminantemente bajo pena de excomunión a los que permitan la celebración de estos espectáculos en los que se corren toros y otras fieras en los lugares donde se lleve a cabo». «Y si alguno muriese allí no se le da sepultura eclesiástica. Prohibimos bajo pena de excomunión que los clérigos que hayan recibido órdenes sagradas tomen parte en estos espectáculos. Quedan prohibidas las corridas de toros aunque sean como erróneamente se piensa en honor de los santos o de alguna solemnidad o festividad de la Iglesia, las cuales deben celebrarse con alabanzas divinas, alegría espiritual y obras piadosas y no con esta clase de diversiones». Por otro lado, en 1920 el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Gasparri, escribió que «la Iglesia continúa condenando en voz alta, como lo hizo Su Santidad Pío V estos sangrientos espectáculos». Igualmente, según la investigación histórica de monseñor Cancianí, todos los que frecuenten estas fiestas como actores o espectadores, están excomulgados ("Diario 16", 5 de junio de 1989). Juan Pablo II haciendo uso de la Biblia recuerda que «el hombre salido de las manos de Dios, resulta solidario con los otros seres vivientes» como aparece en los salmos 103 y 104 donde no se hace distinción entre los hombres y los animales. También debe recordarse que para San Francisco los animales eran nuestros hermanos.

   Quedan pues excomulgados todos los toreros, picadores, banderilleros y taurinos, sean clérigos o seglares.
   Convendría aclarar, para información de algunos críticos o aficionados a estas malas artes, que autojustifican su afición apoyándose en una malentendida Ética, que ésta es la parte de la Filosofía que se ocupa de la Moral de los actos humanos. La Moral concierne a la propia Conciencia interna del individuo, y la Conciencia es el conocimiento interior del bien y del mal. El que se torture y ajusticie un ser vivo buscando el deleite propio en dicha acción está rematadamente "mal". Queda pues infundado su argumento. Del mismo modo, no es razonable someter a votación la continuidad de la fiesta de la tortura de los toros, éstos son seres vivos inocentes de toda culpa y no deben ser lacerados; por lo tanto, dicha sangrienta celebración debe ser derogada. ¿Se imaginan un referéndum en el que todos los españoles estuviésemos de acuerdo en ejecutar a los habitantes de una determinada aldea?, sería una decisión democrática; pero, ni justa ni ética.

   ¡Divertamos nuestras miserias sin mortificar a otras especies!