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Textos de los alumnos

Un mundo subterraneo

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Era viernes, 9,15 de la noche, al terminar las clases de Ayudante de Documentación, las compañeras Pepa, Ana, Pilar la profesora de Radio y yo, caminamos hasta llegar a la estación del Metro de García Noblejas.

Todas compramos billete en la taquilla, pues estábamos a primeros de año y como siempre habían subido las tarifas, pero este año se han pasado por encima de todas las previsiones de los usuarios, de 7,40€ a 9€ que era el nuevo precio del bono de 10 viajes. Todos los que nos acercábamos a la ventanilla para sacar el billete, bajábamos las escaleras protestando, llamándoles ladrones a la dirección, que abusaban de los ciudadanos madrileños que teníamos necesidad de viajar en transporte público. Nos encolerizamos la mayoría. Una chica que llevaba una cartera, dijo: no hay  derecho que los sueldos de los funcionarios (por ejemplo) suban como máximo un 1% y sin embargo el bono-metro haya subido más del 20 %.  Había una tensión en el ambiente que se podía masticar como un chicle.

Última actualización el Martes, 26 de Enero de 2010 22:53 Leer más...
 

Los Gilipollas (prueba)

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¿Se han fijado en que hay gentes que tienen cara de gilipollas? Normalmente, quien tiene cara de gilipollas, es irremediablemente gilipollas. ¿Cavilan que me repito con el calificativo? Pues no lo crean, es que los gilipollas innovan gilipolleces reiteradamente. Yo tengo un vecino, por supuesto, gilipollas, que sale a correr por el parque; aunque vive en un primero, baja los doce escalones que le separan de la puerta de la calle en el ascensor. Mi cuñado Rosendo no es gilipollas —mi señora lee de vez en cuando mis relatos—, pero, para acompañar el café del desayuno, pide cuatro porras y la sacarina. Los jefes..., los jefes son casi todos gilipollas, no es que sean así, innatos, es que se han promocionado. Los políticos son todos gilipollas, menos los de nuestro partido. En el pueblo de la mujer son absolutamente... buena gente. El que fuma mientras come en el restaurante, expeliendo cáncer y fusionando babas con alimentos, ¿qué piensan que es? El de la gorra de ciclista del revés, que no para su vehículo en el paso de cebra, se pasa de gilipollas. El que padece calamidades a partir del día 20 y, sin embargo, conduce un automóvil de alta cilindrada, que duerme a la intemperie, es altamente gilipollas cilíndrico. El que luce enteramente tatuado su cuerpo y parece un anuncio de Pelikán ¿logra ser maculadamente gilipollas? El que somete a gran parte de su rostro a la metralla “piercing” ¿conseguirá ser penetradamente gilipollas? El que circula soportando el frío del invierno, con los cristales bajados de su coche, con tal de hacernos partícipes de sus majaderías preferidas compartidas a todo volumen, es entumecidamente gilipollas. Los del equipo contrario de fútbol, que siempre salen por la televisión hablando por el móvil, no pueden ser más rematadamente gilipollas. Concluyendo, ya no hay gilipollas como los de antes; ahora, han evolucionado y son insuperablemente gilipollas.
Última actualización el Sábado, 30 de Enero de 2010 11:49
 

Lugar predilecto

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      En mi casa, tengo un lugar de los sueños. Aunque habito en una casa enorme com mi familia, ese rincón es privado. Cuando estoy contenta, además de compartir con los míos sus risas y halagos, suelo retirarme un instante a ese oceáno inmenso, donde descanso y me repongo. Cuando me sumerjo más adentro en sus aguas, lo que nos intercambiamos es solo nuestro. Él me acuna entre sus olas, en su confortable cama y me acompaña hasta las profunidades para mostrarme sus corales, sus cuevas misteriosas, su fauna y sus tesoros. Si me pongo muy mimosa, el dueño de los mares, con la tortuga carey y varias  cigalas de articuladas patas, construye una bella carroza, me abre sus aguas y me enseña muchas más cosas. Bellos paisajes escondidos a la vista de otros, me llenan de admiración y de fuerza, las tortugas marinas con sus nácares de irisados colores, suaves esponjas, estrellas de mar. Los grandes animales de las profundidades, con sus colosales cuerpos pasean deleitándose y me saludan con sus aletas. Ellos, los tiburones tigres, hacen que se mueva más rápido la carroza, abriendo grandes surcos donde saltan los defines y la orcas en un juego inocente, dando empellones a las corrientes. Encorriendo a los bancos de variopintos peces, a veces huyen formando  burbujas para esconderse. El gran Blanco nada solo y la raya se camufla en el arenal del fondo, otras se ven circulando como grandes aeroplanos dando vuelta y mas vueltas vigilando, muy atentas. Unos amigos inofensivos y grandotes, la ballenas corcorvadas, se acercan curiosotas, con sus ballenatos traviesos siempre alertas con sus crías risueñas y despreocupadas. Las rozo  con la mano y me alienta a que les cuidemos, ellos nos ofrecen su nobleza, son afables y confiadas para deleite del hombre.

Última actualización el Lunes, 18 de Enero de 2010 23:39 Leer más...
 

Un Quijote del siglo XXI

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En el centro de la antigua Castilla La Mancha, que no se corresponde con el de la actual Comunidad Autónoma, lugar donde sí quiero acordarme, exactamente en Argamasilla de Alba, surge un Quijano moderno y soñador de estos que quieren arreglar el mundo a su manera, emulando al que inmortalizó Cervantes en su genial obra. Don Diego Silva Muñoz, de unos cincuenta años de edad, personaje muy conocido en Argamasilla de la clase media de la villa, pero presumido y vanidoso, con aires de grandeza y de estos que se dice que, en su vida no ha dado un “palo al agua”, vamos, de los que se arreglan para vivir sin trabajar.

En sus sueños despiertos, da la razón a don Quijote, cree posible la acción de éste, no como un aventurero, sino que cree posible arreglar el mundo moderno de una manera fácil, justa, feliz y democrática. No como héroe, ni como villano, sino con la vara de la justicia administrada por él; convencido de su clarividencia, de la fuerza de la razón particular de la que se siente poseído.

Última actualización el Lunes, 18 de Enero de 2010 01:07 Leer más...
 

Sara, la niña menguante que se hizo gigante

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Sara era una niña de nueve años, menudita y espabilada, con ojillos grandes y negros.  Hablaba poco, pero cuando hablaba te dabas cuenta que nada se escapaba a su intelecto.  Lista como era, despuntaba en el colegio, y también era muy popular, pues era prudente y nunca utilizaba su inteligencia para hacer de menos a sus compañeros y compañeras.

Pero como ya os habréis dado cuenta, en este mundo la felicidad nunca es completa.  Y Sara no era feliz. Le faltaba algo, ella no sabía que era aquello que necesitaba, pero eso la corroía y la inquietaba de tal manera, que esa carencia empezó a notársele físicamente.

Cuando su madre la llevaba al colegio se ponía nerviosa, lloraba, no quería separarse de ella.  Luego  los nervios le agarraban el estómago, se lo cerraban, y el poquito desayuno que tomaba lo vomitaba.  Empezó a aborrecer la comida. Los dolores de estómago y las vomitonas se sucedían cada vez con más frecuencia y empezó a perder peso.  Un día se miró al espejo cuando salía de la ducha y se fue llorando hacia su madre.  ¡Mamá, mama, la niña esa que está en el espejo, no soy yo, es más fea, es muy delgada y no me gusta. Quita todos los espejos por favor, no quiero volver a verla¡  Otro día cuando fue a escribir su nombre la última A no se escribía en el papel, por más que lo intentaba su nombre se había reducido a SAR.

Última actualización el Sábado, 16 de Enero de 2010 15:27 Leer más...
 


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